Revista Vistazo, Guayaquil. Según sus directivos, la labor de la Junta de Beneficencia será mermada si se permiten otras loterías. ¿Cómo se estructura y qué servicios presta esta institución? Recientemente, se encendió el debate acerca del supuesto monopolio de la Lotería Nacional, manejada por la Junta de Beneficencia de Guayaquil (JBG). Alberto Acosta, presidente de la Asamblea Constituyente, dijo que había que eliminar los monopolios en el país, entre ellos la Lotería; por su parte, los directivos de la JBG han reclamado que al contrario se la proteja, pues permite financiar obras sociales en Guayaquil.
Explican que la Lotería genera cerca de la tercera parte de los ingresos que necesitan para mantener hospitales, asilos, colegios y un cementerio, y que cualquier recorte de esos ingresos, así sea mínimo, causaría aprietos. Óscar Orrantia, director de la JBG, sostiene que este año hay un déficit de un millón de dólares, aunque se “puede financiar”. Y para el próximo año se requerirían hasta ocho millones de dólares adicionales al presupuesto para financiar los requerimientos de mejoras en infraestructura y equipamiento de los hospitales, pero eso se hará en la medida de las posibilidades y probablemente de manera paulatina.
Toda esta discusión pone los ojos sobre una institución que una gran mayoría de ciudadanos identifica pero pocos conocen a profundidad: ¿qué es y cómo funciona la Junta de Beneficencia de Guayaquil? ¿Cuál es el peso de su labor? ¿Cómo se manejan sus finanzas?
Los 42 miembros
La Junta de Beneficencia apenas está conformada por 42 miembros. De ellos, tres son natos: un representante del Municipio, el Fiscal del Guayas y el Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Guayaquil; los 39 restantes son elegidos por un sistema similar al de cooptación, que opera en instituciones como la Corte Suprema de Justicia. Es decir, ante la salida o la expulsión de alguno de los miembros, los restantes se encargan de elegir un reemplazo, por votación.
Este esquema le ha valido a la Junta críticas por lo que algunos consideran elitismo o encierro frente a sectores más amplios. Para Óscar Orrantia, por su parte, se escoge en virtud de méritos profesionales y honestidad, así como disponibilidad: “Hay personas que han tenido éxito y que no han tenido muchos recursos y han sido parte de la Junta. El recurso limitante es la cantidad de tiempo que le puedan dedicar”.
Estas 39 personas trabajan sin remuneración como directivos y miembros de comités y comisiones, o como inspectores en cada una de las 12 dependencias de la entidad. Aparte existe un equipo de funcionarios con remuneración, para tareas específicas, y hay 6.600 empleados, entre administrativos, médicos, tecnólogos, enfermeras y personal de servicio. Cerca de 400 médicos realizan su internado en dependencias de la Junta de Beneficencia.
Las 12 dependencias
Las 12 dependencias que tiene la Junta de Beneficencia son: cuatro hospitales, dos colegios, dos asilos de ancianos, dos hogares para niñas, un cementerio y una agencia funeraria.
La más reconocida de las labores es quizá la de los hospitales, por el impacto en la población en general. Están el hospital general Luis Vernaza, la maternidad Enrique Sotomayor, el Hospital de Niños Roberto Gilbert y el psiquiátrico Lorenzo Ponce. Todos funcionan con una tabla de tarifas diferenciadas, en la que se establece un precio especial para los pacientes de escasos recursos; incluso se llega a dar gratuitamente el servicio a los pacientes indigentes. Óscar Orrantia dice que los valores son reducidos, y para muestra dice que una cirugía por apendicitis cuesta 120 dólares. Y Enrique Valenzuela, director técnico del Hospital de Niños, dice que más allá de eso “Aquí vale lo que se pueda aportar, no lo que se pueda cobrar”.
Los costos hospitalarios son subsidiados de varias formas en la Junta. En primer lugar, en la mayoría de los hospitales se cubre más de la mitad del costo real de los servicios a través de los ingresos de la Lotería, la participación en impuestos fiscales y otros ingresos. En ciertos casos, como el Hospital Lorenzo Ponce –igual en el Hospicio Corazón de Jesús– ese subsidio llega a ser del 80 por ciento de los costos. En definitiva, el paciente paga la mitad o la quinta parte de los valores reales.
La otra parte de los costos, que no alcanzan a ser subsidiados por la Lotería y demás ingresos, se cubren con cobros de tarifas a los pacientes. Pero hay que tener en cuenta que los más pobres reciben adicionalmente un subsidio cruzado, proveniente de lo que se recauda en áreas de pensionado o en áreas de consulta externa con superávit.
A pesar de estos subsidios, la cuenta hospitalaria puede ser una carga fuerte para una persona de recursos medios bajos. Por ejemplo, Jessica Quijije comenta que su esposo está siendo atendido en una sala del hospital Luis Vernaza por una parálisis, y que ha debido gastar entre 600 y 700 dólares en una semana de atención y exámenes.
La carga para ella es fuerte, si bien considera que se compensa con la buena atención. La otra posibilidad que tiene es la atención en clínicas privadas, cuyo costo es muy superior, o en hospitales del Ministerio de Salud, que en Guayaquil son escasos y muy mal atendidos.
De hecho, el gasto estatal per cápita en salud en la provincia del Guayas es uno de los más bajos de todo el país (21,4 dólares por habitante), casi la mitad del promedio nacional. Y si en Quito hay una cama del Ministerio de Salud por cada 1.000 habitantes, en Guayaquil hay casi la mitad: una por cada 1.900.
A lo largo del año pasado, en los cuatro hospitales de la Junta de Beneficencia se atendió a más de 900.000 personas, en emergencia, hospitalización, cirugías y consultas externas. El 15 por ciento de los pacientes provienen de otras provincias y el 17 por ciento de otros cantones de Guayas.
La Junta de Beneficencia tiene un nuevo proyecto hospitalario, que busca edificar pronto: una nueva maternidad, que reemplazará a la Enrique Sotomayor.
Estará ubicada junto al Hospital de Niños y tendrá 14.000 metros cuadrados, para atender hasta 40.000 partos al año, con mayor eficiencia –lo que se traduce en menores costos– y con más comodidad.
El proyecto requeriría una inversión de aproximadamente 22 millones, que se buscará conseguir a través de donaciones nacionales e internacionales. La fundación Benefactors of Ecuador está buscando dinero en Estados Unidos.
Por otra parte, la Junta maneja asilos con 400 personas de la tercera edad, en las escuelas estudian más de 2.200 niños y niñas, y en el cementerio y la agencia funeraria se atienden más de 6.000 sepelios y 2.800 velaciones al año. Además en dos hogares se atiende a más de 260 niñas desamparadas.
La Junta de Beneficencia requirió de 87,9 millones de dólares este año para cubrir sus gastos. Cerca del 40 por ciento de esos ingresos se obtienen a través del cobro de tasas en los hospitales, mientras que la tercera parte proviene de las ganancias de la Lotería Nacional y un 11 por ciento se obtienen gracias a la participación de la Junta en varios tributos que se cobran en Guayaquil, y en algunos casos a Guayas en general.
Sobre los impuestos, cabe mencionar que de los 11 millones que se recibirán este año, la mayoría proviene de impuestos a las chequeras y cuentas corrientes (4,5 millones), a las matrículas vehiculares (2,7 millones), a las alcabalas por el tres por ciento de la transferencia de dominio (1,5 millones), al capital de operación de empresas (1,5 millones) y a los espectáculos públicos (un millón).
Las donaciones
También se recibe alguna contribución a través de donaciones. Entre medicamentos, insumos, propiedades y dinero que se reciben como donación cada año, se pueden sumar unos dos millones de dólares, según explica Óscar Orrantia. Algunas de esas contribuciones han tenido enorme trascendencia: la hacienda La Atarazana fue adquirida gracias a una donación de 100.000 sucres, a finales del siglo XIX, como una inversión, y por mucho tiempo ha servido para financiar –a través de la venta o el arrendamiento– las actividades de la institución. En total, los terrenos e inmuebles le rinden a la Junta cerca de cuatro millones de dólares anuales. Y el año pasado el Hospital de Niños recibió un equipo de cateterismo de 1,1 millones de dólares, donado por el actor Mel Gibson y su esposa, a través de una fundación especializada, una forma de contribución que también llena un espacio importante para la Junta de Beneficencia.
Tomado de revista Vistazo, edición del 12 de diciembre de 2007